sábado, mayo 2, 2026
Más con la intención de convivir y conversar que de hacer una pesca extraordinaria, mi hermano David y yo, decidimos por la tarde probar suerte hace unos días en las escolleras de Coatzacoalcos, para familiarizarlo con el uso del nuevo equipo de pesca spinning que finalmente utilicé yo, porque él prefirió usar unas carpiotas en un monofilamento del 50, montado en una tabla.
Es el inicio de septiembre de 2023. Yo inicié con una jig head con ixtle, y una rabadilla de lebrancha como tráiler, pero los peces no lo quisieron. Cambié a un arreglo en drop shot con carnada: camarón y pedazos de lebrancha. Insistimos durante una hora del lado del mar, lo que nos permitió admirar una puesta de sol espléndida y la iluminación del malecón, que podría verse como una herida luminosa sobre el horizonte tapizado de nubes negras, o simplemente como un equipamiento urbano necesario que es aprovechado con fines turísticos. El malecón es un gran sitio de paseo.
No tuvimos pique y nos cambiamos a la desembocadura del río Coatzacoalcos, pero era algo peligroso por la entrada de la marea y el oleaje, así que decidimos parar. Un poco desalentados, pero contentos, ya de regreso, hicimos un último intento del lado de mar, en un punto que conocemos desde chamacos, pero esta vez cambié la caña y carrete por la tablita con una línea de 40 libras de monofilamento, y lances a unos 25 metros. Lamentablemente no tenemos más delgada, que sería ideal.
Y allí, en media hora sucedió todo. Usamos los camarones que quedaron y se activó el pique. Yo tuve varios strikes casi imperceptibles. De hecho, más que un ataque definido, sentía que los peces tomaban la carnada y se alejaban. Allí ensarté dos pargos pequeños de entre 250 y 300 gramos, y un ronco muy chiquito. El pez más grande -que así lo sentí comparativamente con los otros y que sin duda llegaba al medio kilo o más-, al acercarlo a las piedras, se me encuevó y no pude sacarlo, hasta que finalmente la línea se cortó con el filo de las conchas de los diversos organismos pegados a las grandes rocas. Mi hermano también tuvo varios strikes sin éxito. Al acabarse el camarón, usamos los tronchos de lebrancha, pero nada. Se apagó la actividad. Ya nos desquitaremos muy pronto.
Cansados, asoleados, hambrientos y sedientos, regresamos a casa.
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