Rafael Malpica
Video: Internet/Facebook. Foto: NaturaLista/Conabio
Coatzacoalcos, Veracruz, México, 25 de abril de 2020, México Ambiental.- La contaminación industrial, derivada de la extracción y refinación de petróleo en esta amplia región del sur de Veracruz -y sus límites con Tabasco-, han determinado la ausencia de organismos salvajes, cuando en un pasado aún era usual verlos en el litoral, pantano, médanos y matorrales de la planicie costera. Uno de ellos es la tortuga lora (Lepidochelys kempii), que arribaba masivamente a estas costas. Pero en la actualidad, no. Por eso, causó expectación la presencia de una solitaria tortuga de esta especie, que desovó en la playa, tan solo a unos cuantos metros del pavimento del malecón costero de esta ciudad, que alguna vez fue próspera, y se llamó Puerto México, en el municipio mexicano de Coatzacoalcos, en Veracruz.
La tortuga lora está catalogada como una especie en peligro de extinción (P), de acuerdo a la Norma Oficial Mexicana NOM-059-SEMARNAT-2010, (Protección ambiental-Especies nativas de México de flora y fauna silvestres-Categorías de riesgo y especificaciones para su inclusión, exclusión o cambio-Lista de especies en riesgo). La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, en su Lista Roja, la clasifica en peligro crítico (critically endangered, CR).
El jueves 23 de abril de 2020, sobre una playa, hasta ese momento vacía, pero atascada de basura humana y desechos orgánicos, la tortuga lora de regular tamaño, identificó un sitio para la postura de 104 huevos, colocados exactamente sobre un nido, una oquedad en el suelo arenoso, a la altura de la avenida 16 de Septiembre, que termina justamente en el malecón. Entre risas, ruido, y un baño de agua de mar para refrescar al animal, el proceso fue seguido por algunos curiosos –que no respetaban la cuarentena por la emergencia sanitaria de la COVID-19-, y elementos del Cuerpo de Bomberos y Protección Civil de este municipio, quienes una vez que la tortuga concluyó la ovoposición y regresó al mar, recuperaron inmediatamente los huevos que fueron entregados –presuntamente-, a personal de la delegación regional de la Profepa.
De acuerdo con los elementos de las corporaciones, los huevos serán incubados en un sitio resguardado y seguro, hasta que nazcan las crías de tortuga que serían liberadas al mar, en este mismo lugar.
La tortuga lora fue clasificada taxonómicamente como Lepidochelys kempii, en honor a Richard Moore Kemp, quien envió algunos ejemplares colectados, a un especialista de reptiles de la Universidad de Harvard, para su identificación. La lora, también se le conoce como tortuga de Ridley, o tortuga del Atlántico, y son, junto con la tortuga golfina (Lepidochelys olivacea)-, las tortugas marinas más pequeñas del mundo. La tortuga lora, en su madurez sexual, puede llegar a medir entre 50 y 75 centímetros de longitud, y pesar de 30 a 50 kilogramos, tanto los machos como las hembras. Su cabeza es triangular. La coloración general val del tono grisáceo al verde. El carapacho casi circular, y las extremidades son de color uniforme; la piel es ligeramente más grisácea, el plastrón y la parte ventral de las extremidades son de color crema.
Coatzacoalcos es hoy, es uno de los puertos marítimos más importantes de México. Pero su río está reconocido también por Greenpeace México, y por las propias autoridades federales mexicanas, como la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) y la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa), como uno de los más contaminados de México, ¡y del mundo! De la inseguridad, la violencia y la muerte, por la presencia de la delincuencia organizada, ya nadie habla, pero se siente. Coatzacoalcos, es ahora, un puerto con una economía interna inhibida.
Coatzacoalcos, que en náhuatl significaría “lugar donde se esconde (o guarda) la serpiente”, para algunos, y para otros “lugar de Quetzalcóatl”, está ubicado en la desembocadura del río Coatzacoalcos, que sirve para descargar en el Golfo de México, las aguas residuales industriales de los complejos petroquímicos de Pajaritos, Cangrejera y Morelos, que resguarda empresas públicas y privadas de la industria petroquímica.
Hasta este puerto industrial de gran movimiento, pero una ciudad desolada, vacía y rota, llegó una solitaria tortuga lora, quizá desviada desde sus sitios naturales de anidación en Tamaulipas y norte de Veracruz, donde arriban miles de ejemplares. Es una tortuga marina sí, y es simple, pero también representa la esperanza de un Coatzacoalcos que se niega a morir.



















